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El éxtasis de Julio César

7 noviembre, 2012

Veni.Tras mantra de trance tántrico.

Vidi.De halógenos halo helado.

Vici.Con psicotrópico tropical.

 

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Decálogo para un parado feliz

20 octubre, 2012

A continuación vengo a ofrecer una visión de conjunto totalmente subjetiva sobre el fenómeno paranormal acaecido en nuestro país y que ha dado en llamarse  “tasa de desempleo juvenil por encima del cincuenta por ciento”. Para dotar a mi estructura argumental de una mayor claridad expositiva, he confeccionado un decálogo, cuyos puntos sacan a relucir uno  a uno,  significativas y hasta la fecha ignotas ventajas del joven universitario y en el paro con respecto a su homólogo con trabajo, especie en vías de extinción. Ahí van pues:

 

  1. Levantarte a la hora que te salga de las narices. Dormir no es de vagos, ya que mientras dormimos nuestro cerebro también está trabajando; que no te engañen.

 

  1. No aguantar los procesos escatológicos de tu jefe o las neurosis de tus compañeros de trabajo . Como contraprestación a las bondades que te ofrece este nuevo y maravilloso estado vital, el karma cósmico te obligará a soportar las mierdas de tu familia.

 

  1. Te puedes dedicar a la vida contemplativa, como los antiguos filósofos griegos o los habitantes de la Arcadia, deleitándote con los pajarillos y las florecillas silvestres, escribiendo ditirambos y panegíricos bajo un olivo (las circunstancias lo merecen) o ahora que se aproxima el invierno existen otras alternativas como alzar la cabeza y observar el paso de los frentes atlánticos.

 

  1. Con todo el tiempo y energía vital que te sobra, puedes aprender mogollón de interesantes disciplinas y materias. Empezar el día aprendiendo a tocar el corno inglés, introducirte en el fascinante mundo de las lenguas dravídicas o incluso entrenarte para los Juegos Olímpicos de Brasil.

 

  1. En relación con el punto anterior, y para los menos ambiciosos, también puedes apuntarte a un gimnasio y conseguir el título compulsado de chuloplaya para el próximo verano; seguramente te va a servir más que…una ingenieria, por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza ahora mismo. Nada personal.

 

  1. Tienes más tiempo para follar. Es hora de ampliar tu círculo social y dar rienda suelta a tus instintos más básicos.

 

  1. Descubrirás el significado de la palabra ataraxia.

 

  1. Educación, política, corrupción, democracia, libertad, capitalismo, debacle, civilización, utopía, sistema bancario, dominación, consumismo, sometimiento, pragmática, revolución, suerte, injusticia, progreso. ÉTICA. Tus desempleadas neuronas intentarán desentrañar el sentido de estos conceptos o entelequias.

 

  1. Podrás ir por la vida hecho un pinta, un desharrapado o un pasmarote, un inútil andrajoso o un desecho social. Dejarte esa barba rala que tan bien te sienta pero no se ajusta a la estética requerida para la maldita entrevista de trabajo. Perforarte la ceja, teñirte el pelo de naranja, maquillarte como si hubieses salido de un taller de chapa y pintura , ir en culos por la vía pública, insultar a los transeúntes sin reservas ni temor, expresar tu opinión libremente en las redes sociales, etc.

 

  1. Y lo más descorazonador: si entras a una tienda o a un restaurante, si asistes a cursos de formación, si escuchas los discursos de los políticos en la tele o  las conversaciones de la gente en el autobús, te darás cuenta de que esta sociedad no es justa. Aprenderás que todo aquello que en un principio pensaste que podría allanar tu camino hacia tu deseado objetivo no ha hecho más que alejarte de él. Asistirás al desconcertante espectáculo circense de la transfiguración moral de la sociedad, cuyos valores en alza no son la cultura ni la formación, sino el nepotismo, la cara dura y la suerte.

     

Parfum exotique

10 octubre, 2012

Quand, les deux yeux fermés, en un soir chaud d’automne,
Je respire l’odeur de ton sein chaleureux,
Je vois se dérouler des rivages heureux
Qu’éblouissent les feux d’un soleil monotone;

Une île paresseuse où la nature donne
Des arbres singuliers et des fruits savoureux;
Des hommes dont le corps est mince et vigoureux,
Et des femmes dont l’oeil par sa franchise étonne.

Guidé par ton odeur vers de charmants climats,
Je vois un port rempli de voiles et de mâts
Encor tout fatigués par la vague marine,

Pendant que le parfum des verts tamariniers,
Qui circule dans l’air et m’enfle la narine,
Se mêle dans mon âme au chant des mariniers.

“Les fleurs du mal”,  Charles Baudelaire

 

 

Nocturnidad

15 septiembre, 2012

Bebimos, lunáticos,
del cáliz de la inmoralidad.

Trepamos, extáticos,
el frágil muro de lo aceptable.

Delirantes levitamos
traspasando lo inaccesible.

Errabundos descendimos
abismos de cielo y mar.

………………………………………………

Si yo muriera joven… (Fernando Pessoa)

31 mayo, 2012

Si yo muriera joven,
Sin poder publicar libro alguno,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
Pido que, si se quisiesen molestar por mi causa,
No se molesten.
Si así ocurrió, así es verdad.

Aunque mis versos nunca sean impresos
Tendrán su propia belleza, si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos y quedar por imprimir,
Porque las raíces pueden estar bajo la tierra
Pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza. Nada puede impedirlo.

Si yo muriera joven, oigan esto:
Nunca fui sino una criatura que jugaba.
Fui gentil como el sol y el agua,
De una religión universal que sólo los hombres no conocen.
Fui feliz porque no pedí ninguna cosa,
no procuré hallar nada,
Ni hallé que hubiese más explicación
Que la de que la palabra explicación no tiene ningún sentido.

No deseé sino estar al sol o a la lluvia,
Al sol cuando había sol
Y a la lluvia cuando estaba lloviendo
(Y nunca la otra cosa)
Sentir calor y frío y viento,
Y no ir más lejos.

Una vez amé, pensé que me amarían,
Pero no fui amado
Pero no fui amado por la única gran razón:
Porque no tenía que ser.
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
Y sentándome otra vez en la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes para los que son amados
Como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.

 

Nanas de la cebolla (Miguel Hernández)

29 mayo, 2012

( Dedicadas a su hijo tras recibir una carta de su mujer en la que le decía que no comía más que pan y cebolla) 

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

¿Cómo puede uno vivir una vida racional en una sociedad irracional? Ayn Rand, “La virtud del egoísmo” (1962)

11 mayo, 2012

“Limitaré mi respuesta a un único y fundamental principio, lo opuesto de una idea muy generalizada que es la responsable por la propagación del mal en el mundo. Ese principio es:Nunca dejes de emitir juicio moral.

Nada puede corromper y desintegrar una cultura o el carácter de un hombre tan a fondo como el precepto del agnosticismo moral, la idea de que uno nunca debe emitir un juicio moral sobre los demás, que uno debe ser moralmente tolerante de todo, que el bien consiste en no distinguir el bien del mal.

Es obvio quién se beneficia y quién se perjudica con tal precepto. No es justicia o igualdad en el trato lo que le estás concediendo a los hombres cuando te abstienes tanto de alabar sus virtudes como de condenar sus vicios. Cuando tu actitud imparcial declara, en efecto, que ni el bien ni el mal pueden esperar nada de ti – ¿a quién estás traicionando y a quién estás fortaleciendo?

Pero emitir un juicio moral es una enorme responsabilidad. Para juzgar, uno debe poseer un carácter impecable; no es necesario ser omnisciente ni infalible, y no se trata de errores de conocimiento; lo que se necesita es una integridad intachable, es decir, no tolerar ninguna maldad consciente e intencionada. Así como el juez de un tribunal puede equivocarse cuando la evidencia no es concluyente, pero no puede evadir la evidencia disponible; así como no puede aceptar sobornos, ni permitir que ningún sentimiento personal, emoción, deseo o miedo obstruya el juicio de su mente sobre los hechos de la realidad – así también cada persona racional debe mantener una integridad igualmente estricta y solemne en el tribunal de su propia mente, donde la responsabilidad es aún más seria que en un tribunal público, porque él, el juez, es el único que sabe cuándo ha cometido una traición.

Hay, sin embargo, un tribunal de apelación para los juicios de uno mismo: la realidad objetiva. Un juez se pone a prueba cada vez que pronuncia un veredicto. Es sólo en el marco actual de cinismo amoral, de subjetivismo y vandalismo, que los hombres pueden creer que son libres de pronunciar cualquier tipo de veredicto irracional y no sufrir las consecuencias. Pero, de hecho, un hombre debe ser juzgado por los juicios que emite. Las cosas que él condena o exalta existen en la realidad objetiva y están abiertas a la evaluación independiente de otros. Es su propio carácter moral y sus principios lo que él revela cuando culpa o alaba. Si alguien condena a América y ensalza a la Rusia soviética – o si ataca a los empresarios y defiende a delincuentes juveniles – o si denuncia una gran obra de arte y enaltece a una porquería – es la naturaleza de su propia alma la que está confesando.

Es el miedo a esta responsabilidad lo que hace que la mayoría de la gente adopte una actitud de neutralidad moral indiscriminada. Es un miedo muy bien expresado en la máxima: “No juzguéis, y no seréis juzgados”. Pero ese precepto, de hecho, es una abdicación de responsabilidad moral: es un cheque en blanco moral que le das a los demás a cambio del cheque en blanco moral que esperas que te den a ti.

No hay cómo escapar del hecho que los hombres tienen que tomar decisiones; mientras los hombres tengan que tomar decisiones, no hay cómo escapar de los valores morales; mientras haya valores morales en juego, no hay neutralidad moral posible. Abstenerse de condenar a un torturador es convertirse en cómplice de la tortura y del asesinato de sus víctimas.

El principio moral a adoptar en este tema es: “Juzga, y prepárate a ser juzgado”.

Lo contrario de la neutralidad moral no es una condena ciega, arbitraria y dogmática de cualquier idea, acción o persona que no encaje con tu estado de ánimo, tus lemas memorizados o tu opinión arbitraria del momento. La tolerancia indiscriminada y la condena indiscriminada no son dos cosas opuestas: son dos variantes de la misma evasión. Declarar que “todo el mundo es blanco” o “todo el mundo es negro” o “todo el mundo no es ni blanco ni negro, sino gris” no es un juicio moral, sino un escape de la responsabilidad de emitir un juicio moral.

Juzgar significa: evaluar una situación específica en referencia a un principio o criterio abstracto. No es una tarea fácil; no es una tarea que pueda ser realizada de forma automática por los sentimientos de uno, sus “instintos” o sus corazonadas. Es una tarea que requiere un proceso de pensamiento lo más preciso, exigente, fríamente objetivo y racional de que eres capaz. Es relativamente fácil entender principios morales abstractos, pero puede ser muy difícil aplicarlos en cada situación, sobre todo si estamos hablando del carácter moral de otra persona. Cuando uno pronuncia juicio moral, sea alabando o condenando, uno tiene que estar preparado a responder “¿Por qué?” y demostrar sus razones a sí mismo y a cualquier inquisidor racional.

La política de emitir un juicio moral siempre, no quiere decir que uno deba considerarse como un misionero responsable de “salvar el alma de todos”, ni que tenga que hacer evaluaciones morales no solicitadas con todos los que se tropieza. Significa: (a) que uno debe saber claramente, en forma totalmente y verbalmente identificada, la evaluación que uno hace de cada persona, asunto o situación con la que trata, y actuar en consecuencia; (b) que uno debe compartir su evaluación moral con otros, cuando es racionalmente apropiado el hacerlo.

Esto último quiere decir que uno no tiene por qué iniciar, sin provocación, denuncias morales o debates, sino que deberá hacerse oír en situaciones donde el silencio puede ser objetivamente tomado como estar de acuerdo con el mal o sancionarlo. Cuando uno trata con personas irracionales, donde los argumentos son inútiles, un simple “no estoy de acuerdo contigo” es suficiente para negar cualquier implicación de aprobación moral. Cuando uno trata con gente mejor, una declaración completa de su posición puede ser moralmente necesaria. Pero en ningún caso y en ninguna situación puede uno permitir que sus valores sean atacados o denunciados, y quedarse callado.

Los valores morales son la fuerza motriz de las acciones del hombre. Al emitir un juicio moral, uno protege la claridad de la propia percepción y la racionalidad del camino que uno ha optado por seguir. Es muy diferente que uno esté tratando con errores humanos de conocimiento, o con la maldad humana.

Observad cuánta gente evade, racionaliza y lleva sus mentes a un estado de ciego estupor, por temor a descubrir que aquellos con los que trata – sus “seres queridos” o amigos o asociados de negocios o gobernantes políticos – no están simplemente equivocados, sino que son malvados. Observad que este temor les lleva a aprobar, ayudar y difundir el mismo mal cuya existencia temen reconocer.

Si la gente no se revolcara en evasiones tan odiosas como la afirmación de que un despreciable mentiroso “tiene buenas intenciones” – que un aprovechado gandul “no lo puede evitar” – que un delincuente juvenil “necesita cariño” – que un criminal “no sabe lo que hace” – que un político con ansia de poder está motivado por la preocupación patriótica del “bien común” – que los comunistas son simplemente “reformadores agrarios” – la historia de las últimas décadas, o siglos, habría sido diferente.

Preguntaos por qué las dictaduras totalitarias piensan que es necesario invertir un montón de dinero y esfuerzo en hacer propaganda para sus propios esclavos indefensos, maniatados y amordazados, quienes no tienen ningún medio de protestar o defenderse. La respuesta es que incluso el campesino más humilde o el salvaje más primitivo se levantaría en ciega rebelión si se diera cuenta de que él está siendo inmolado, no a un incomprensible “noble propósito”, sino a la pura y desnuda maldad humana.

Observad también que la neutralidad moral exige una simpatía cada vez mayor por el vicio, y un antagonismo cada vez mayor por la virtud. Un hombre que se esfuerza en no reconocer que lo malo es malo, se encuentra con que es sugestivamente peligroso el reconocer que lo bueno es bueno. Para él, una persona virtuosa es una amenaza que puede derribar todas sus evasiones – sobre todo cuando se trata de una cuestión de justicia, que exige que él tome algún partido. Es entonces cuando fórmulas como “Nadie está nunca completamente cierto o completamente errado” y “¿Quién soy yo para juzgar?” adquieren su efecto letal. El hombre que comienza diciendo: “Siempre hay algo de bueno en el peor de nosotros”, continúa diciendo: “Hay algo de malo en el mejor de nosotros”, y luego: “Tiene que haber algo de malo en el mejor de nosotros”, y luego: “Son los mejores de entre nosotros los que nos complican la vida; ¿por qué no se callan?; ¿quiénes son ellos para juzgar?”.

Y luego, en alguna mañana gris de su mediana edad, un hombre se da cuenta de repente que ha traicionado todos los valores que había amado en su lejana primavera, y se pregunta cómo eso pudo haber sucedido, y cierra de un portazo su mente a la respuesta, diciéndose a sí mismo apresuradamente que el miedo que había sentido en sus peores y más vergonzosos momentos era correcto, y que los valores no tienen ninguna posibilidad de existir en este mundo.

Una sociedad irracional es una sociedad de cobardes morales – de hombres paralizados por la pérdida de valores, principios y objetivos morales. Pero como los hombres tienen que actuar mientras estén vivos, tal sociedad está lista para ser usurpada por cualquiera que esté dispuesto a establecer su rumbo. Y esta iniciativa puede provenir solamente de dos tipos de hombres: o del hombre que está dispuesto a asumir la responsabilidad de defender valores racionales – o del matón que no está preocupado con cuestiones de responsabilidad.

No importa lo dura que sea la lucha, sólo hay una decisión que un ser racional puede tomar frente a esa alternativa.”